¿Qué hacen los niños?: Juegan

Por Lic. Tamara Saúl

¿Qué hacen los niños?: Juegan 

Los adultos trabajan, los jóvenes estudian, los niños: juegan.

El juego es el principal motor del desarrollo subjetivo en un niño o niña. Los niños deben poder fantasear, imaginar y los adultos somos los responsables de facilitarles las condiciones para que ello suceda. Cuando un niño no juega es porque no encontró ese espacio (no necesariamente físico) o tiempo para desenvolverse, para desarrollarse. Un niño cuando juega está creciendo, está comunicándose y hasta deseando. Un niño que no juega no se inscribe como sujeto y por ende no adquiere esa posibilidad que le da el juego de mirar el mundo y vivirlo a través de una pantalla que lo hace más vivible y transitable. Es decir, un mundo sin juego para un niño es un mundo sin fantasía o deseo para un adulto, es un mundo demasiado real. La realidad avasalla a aquel niño que no tiene la posibilidad de entenderla a través del juego, así como un adulto queda avasallado cuando no hay mundo simbólico para apropiarse y situarse como sujeto. El juego es ganancia de placer, por lo cual un niño que jugó, es ahora un adulto que sublima, que hace chistes, que sueña, todos sustitutos del juego.

Freud da el ejemplo del fort da en sus escritos, en donde describe a un niño que arroja un carretel para luego volverlo a acercar, de esa manera juega a alejarlo y a esperar a que vuelva, elaborando así la espera, el tolerar la ausencia para volver a encontrarse con ese objeto. De este modo Freud nos enseña que el juego del carretel le permite al niño estructurar su psiquismo para poder enfrentar la realidad, lo constituye para que esta realidad que lo rodea no se le vuelva traumática.

Entonces sabemos que el juego es elaboración, es placentero, y a todo niño se le debe permitir jugar, es un derecho y una necesidad estructural. Ningún niño debe trabajar y los adultos debemos generar las condiciones de posibilidad para que eso no pase, debemos acercarle el ¨carretel¨ para que lo tire y lo recoja, invitarlo a esconderse para luego jugar a buscarlo. ¿Cuántas veces observamos a un niño que se va a esconder y se nombra a sí mismo para que el adulto lo vaya a buscar? Es un juego típico en la niñez, es una manera de convocar al adulto a que confirme su juego, su existencia. En este sentido es que el juego en el niño funciona de espejo, allí se reconoce como tal, y requiere de un adulto que en ese jugar a las escondidas lo sancione como alguien deseable de ser buscado y encontrado.  

Tamara Saúl

Se recibió de psicóloga con Diploma de Honor en la Universidad de Buenos Aires. Realizó la Carrera de Especialización en Psicología Clínica de la Discapacidad de la U.B.A. y cursos de posgrados de Psicoanálisis en la Escuela de Orientación Lacaniana, Universidad de Buenos Aires, Centro de Salud Mental Ameghino, Hospital Ramos Mejía, entre otras instituciones. Además de haber participado de carteles de investigación en psicoanálisis, grupos de estudio y de supervisión.

Su práctica clínica la desarrolló fundamentalmente en el ámbito hospitalario, ya que formó parte durante del equipo de Pareja y Familia del centro de Salud Mental n°3 ¨Arturo Ameghino¨ y del servicio Infanto-Juvenil del Hospital ¨Ramos Mejía¨.

En el ámbito privado, trabajó como acompañante terapéutica, y actualmente realiza atención individual, de pareja y familia con orientación psicoanalítica en su consultorio privado.

Es directora de la Institución En-causar Psi, en donde se desempeñó inicialmente como coordinadora y supervisora de acompañamientos terapéuticos domiciliarios y educativos.

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